¿Branding o no Branding?

Recientemente me hicieron una pregunta: ¿Vale la pena contratar una agencia de Branding?

R= No.

Sin embargo, en algunos casos esta respuesta puede no ser tan obvia. Como todo en la mercadotecnia, depende de la empresa y la situación en que se encuentre.

 

¿Qué carajos es el Branding?

Como ya lo hemos platicado en varias ocasiones, «Branding» es otro de esos anglicismos que usamos los mercadólogos para poder vender más caro nuestro trabajo. Consiste en crear, diferenciar, dar valor y administrar una marca. El Branding es quizá uno de los procesos más complejos y dogmáticos de la mercadotecnia. Involucra mediar entre lo artístico y lo científico: «¿Cómo puedo medir cuantitativamente si a las personas les gusta este dibujo?» «¿Qué puedo hacer para que esta imagen valga más para las personas?» «¿Qué porcentaje del mercado percibe este logo como ‘sensual’?».

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Sunrise Sushi: 100% Sensual

Y sin embargo, a pesar de su complejidad, el Branding lleva realizándose empíricamente desde que se inició el comercio. Al igual que en la selección natural: las mutaciones, las coincidencias y la suerte; permitieron que unas marcas sobrevivieran a través de los años y otras desaparecieran.

En la actualidad, lo que se pretende es acelerar este proceso y mantener las marcas en su óptimo estado todo el tiempo. Para esto, se puede echar mano de cientos de ensayos que nos explican: «el significado de los colores», «claves para elegir un nombre de marca», «consejos para hacer un logo más dinámico», «las mejores tipografías», etc. La verdad, muchos de estos ensayos son subjetivos o sólo aplican en ciertos casos. El Branding es una ciencia inexacta y en eso radica su complejidad.

 

Entonces es súper importante ¿no?

Definitivo. La marca es uno de los activos más importantes de una empresa. En el caso de los monstruos corporativos, una simple marca vale millones de dólares y el proceso de re-Branding para empresas como Pepsi puede valer cientos de miles de dólares. Se realizan estudios, investigaciones, pruebas…

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Felicidades Sr. Pepsi, este es su nuevo logo. Va a ser un millón de dólares.  Jajajaja (no es broma)

Entonces, si quiero que mi marca sea como Pepsi, debo ser igual que ellos e invertir miles de dólares en este proceso ¿cierto? Es benchmarking puro…

R= No.

 

Ya me perdí, entonces ¿debo o no contratar a una agencia de Branding?

Todo es cuestión de ponerlo en perspectiva: Si Pepsico vale 60 mil millones de dólares, invertir un millón de dólares en re-branding es el 0.0016% del valor total de la empresa. Proporcionalmente, quiere decir que si tu peluquería pedorra de la esquina tiene un valor total de 200 mil pesos pesos, deberías invertir $3.20 pesos (M.N.) en tu Branding. Es más, si no quieres verte tacaño puedes redondearlo a cinco pesos.

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Branding

También hay que tomar en cuenta el tamaño del mercado y el giro de la empresa. Cuando hablamos de grandes inversiones en diseño de marca casi siempre hablamos de empresas públicas que van al consumidor final: Coca-Cola, AT&T, Apple, Sony, Nike… Naturalmente, si la base de personas que van a ver mi marca es muy grande, es algo que debo tratar con mucho cuidado. En cambio,si mi empresa es es una maquiladora de ropa de Tijuana, probablemente mi target de clientes sean solo un puñado de empresas de ropa. Por si fuera poco, probablemente mi cliente esté menos interesado en la marca y más interesado en el precio, la calidad del producto o la rapidez de entrega.

En mi opinión, tu barbería hipster de colonia no justifica invertir $50,000 en Branding. En este caso sería mejor contratar a un diseñador por $10,000. Sin embargo, si el negocio crece y se vuelve una cadena nacional (you wish!), entonces podemos empezar a contactar a la agencia de Branding.

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Barberías Hipster: tan sólo un paso antes de tu primera relación homosexual.

El punto es, que nos apantallamos con los grandes casos de éxito y en ocasiones perdemos el piso. Si la empresa vale millones de dólares, es comprensible invertir miles de dólares en su identidad de marca. Sin embargo, si nuestra empresa vale miles de pesos, tal vez no sea lo más sensato invertir demasiado en Branding en este momento. Tengamos siempre en mente que nuestros recursos siempre son limitados y el objetivo final del marketing siempre será generar más ventas. Usted decide a qué le quiere invertir mas.

 

Y si no quiere decidir mándeme un correo y le cotizo.

¿Me puedo subir al tren del Buen Fin?

Sin mayor preámbulo vamos a pasar directo al grano: ¿Es el Buen Fin una buena apuesta para mi negocio?

Respuesta = Si

Gracias por acompañarnos esta semana en Publius Mercor. ¡Hasta la próxima!

cachirulo
¡Adiós Amigos!

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¿Que? ¿Insuficiente contenido? ¿No confía ciegamente en mí?

Vale, entonces aprovechemos la inercia y subámonos al tren del Buen Fin.

¿Vieron lo fácil que fue? Yo, al igual que miles de empresas y negocios, aprovechamos la inercia del Buen Fin para ofrecer nuestros servicios y productos. Es cuestión de comprender un poco la mentalidad del consumidor para darnos cuenta que el Buen Fin es una excelente estrategia comercial.

Todos nos queremos gastar nuestro dinero siempre

Empecemos con el siguiente concepto: Todos nos queremos gastar nuestro dinero siempre. Esa es una verdad absoluta en esta nuestra sociedad consumista. Ganamos dinero para gastarlo. Aún quienes se caracterizan por tener muy arraigado el hábito del ahorro, lo hacen motivados porque en algún momento en su vida se gastarán el dinero que ahorran el día de hoy. Además, también ellos quieren utilizar su dinero (en fondos de ahorro, inversiones, divisas, seguros, etc.) Esto se debe a la simple razón de que el dinero no significa nada para nosotros a menos que lo podamos transformar en bienes y servicios.

Si estamos de acuerdo que todos nos queremos gastar nuestro dinero siempre, entonces estamos constantemente buscando una excusa para gastarlo. El Buen Fin es una buena excusa.

Tenemos miedo a las malas decisiones

El segundo concepto parte de la idea que tenemos miedo a tomar malas decisiones. Hemos aprendido a lo largo de la vida que las malas decisiones traen consigo consecuencias negativas: remordimiento, dolor, humillación, cansancio, mortificación… Estamos programados para evitar las malas decisiones a toda costa. Esto se aplica también a las decisiones económicas y es por ello que lo pensamos dos veces antes de gastar: tememos tomar una mala decisión con nuestras compras.

«No es que no quiera comprarme un auto deportivo, es que si decido comprarlo, después no tendré dinero para pagar la renta.»

«Estos muebles están sospechosamente baratos, seguro se van a echar a perder en seis meses.»

«Si mis amigos se enteran que pagué el doble por mis vacaciones van a decir que estoy bien pendejo.»

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Vacaciones en la playa. Todo incluído.

Percibimos a las ofertas como lo opuesto de malas decisiones de compra (ojo: dije «percibimos»). A los ojos de la sociedad, conseguir una buena oferta es de sabios, habilidosos, buenos negociadores, suertudos, etc.

El Buen Fin asegura al consumidor que obtendrá buenas ofertas.

Flujo de efectivo

El tercer ingrediente en la receta del éxito del buen fin es el flujo de efectivo. Está programado para ser un fin de semana después de quincena y algunas empresas adelantan el aguinaldo a sus empleados para este evento. Entonces, resumiendo:

En el Buen Fin…

  1. La gente tiene dinero
  2. Quiere gastárselo
  3. Está segura que lo está gastando correctamente

¿Cómo lo aprovecho?

Subirse al tren es muy fácil: ponga su postersito, anuncie sus ofertitas y disfrute de la oleada de personas ávidas por gastar su dinero en sus bienes y servicios. Sin embargo, existen algunas consideraciones que le podría interesar tomar en cuenta para sacar el mejor provecho de este Buen Fin:

  1. No se vale subir los precios para luego bajarlos. Los consumidores se dan cuenta de esto todo el tiempo y al final de cuenta lo único que genera es desconfianza. Lo mismo aplica al poner precios falsos inflados en las etiquetas.
  2. Ofrezca por lo menos una buena oferta. Quizá sacrifique una parte del ingreso en un producto, pero la inercia de compra podrá generar más ventas de otros productos y atraer más clientes.
  3. Prepárese con personal. Lo más probable es que el movimiento de personas en su negocio se incremente, por lo que para poder aprovecharlo hay que contratar empleados temporales para cubrir horarios extra o atender más clientes simultáneamente. Recuerde que cada minuto que pierde es un cliente potencial que no está comprando.
  4. Si no puede darse el lujo de ofrecer descuentos directos, ofrezca otra cosa: Producto extra, servicios adicionales (garantías, créditos), artículos promocionales, organice una rifa, etc. El cliente tiene que percibir que «este día es especial». Hay que dar ese ultimo empujoncito para que se terminen por decidir.
  5. Aproveche para renovar su inventario: ¿Aún tiene una caja de trapper keepers que no se vendieron en 1990? Remátelos. Limpie su almacén de productos descontinuados y utilice estas ofertas para atraer clientes. Se sorprenderá lo que es capaz de comprar la gente por un buen precio.
  6. Hable con sus proveedores. Quizá algunos de sus proveedores le interese realizar alguna promoción conjunta para este fin de semana.
  7. No le pique los ojos a sus clientes. Insisto: El cliente se da cuenta de estas cosas. Las letras chiquitas, las promociones fantasma y los cargos sorpresa, son prácticas del siglo pasado. Recuerde que su cliente es su principal activo y que no basta con venderle un fin de semana al año.

Recuérdelo: El Buen Fin es una buena estrategia comercial de la que todos podemos salir beneficiados si la aprovechamos correctamente. Sin embargo, si las empresas adoptan la clásica estrategia de «chingar al prójimo» lo único que se logrará es perder la confianza del consumidor.