Tribunal Estatal Electoral de Nuevo León – Una burla para la publicidad

Hay de productos a productos. Existen algunos productos dinámicos y divertidos: Ropa, dulces y refrescos, juguetes, gadgets, cosméticos… ese tipo de productos ofrecen muchas posibilidades para realizar buenas campañas publicitarias que atraen al consumidor. Hay otro tipo de productos, más grises que tienen publicidad más complicada, especializada y menos atractiva para el consumidor, como por ejemplo los muebles, los materiales para construcción, equipo industrial, seguros, servicios bancarios, etc. Por último, están los productos del octavo círculo del infierno: productos sumamente aburridos y cuya publicidad termina siendo rechazada por el público. Con estos productos me refiero principalmente a dependencias de gobierno, programas sociales, servicios básicos, y otros productos afines.

¿No me creen? para muestra un botón:

¿Se fijaron? ¡Ni siquiera el locutor se la está pasando bien! A pesar de saber que va a cobrar por ese desabrido anuncio de 30 segundos, no se le nota nada de entusiasmo. Ni siquiera cuando narra la frase final: «¡Por una superación social!» Pero no es novedad. Sitatyr, a pesar de representar a la industria de la Televisión y Radio, ha estado haciendo este tipo de comerciales insípidos por AÑOS:

Hasta cierto punto es comprensible: si se tiene un producto aburrido, obviamente la publicidad también tiende a serlo ¿Quién se creería que la gente se la pasa bien pagando su recibo de Agua y Drenaje? R= Nadie.

Por si fuera poco, algunos de estos anuncios son obligatorios. En algunos casos es para cumplir con alguna cláusula de contrato o simplemente para que el gobierno le avise a las personas que está haciendo «algo» para arreglar los problemas del pueblo:

Independientemente del motivo, es claro que a la fuerza ni los zapatos entran y la publicidad no es la excepción. Sin embargo, el día de hoy estimado lector, vamos a hablar de un caso muy especial: El Tribunal Estatal Electoral de Nuevo León.

El descaro

Sin mayor preámbulo le comparto el infame anuncio:

No hay que ser ni publicista ni mercadólogo para odiar este anuncio. Es más, ni siquiera es necesario gozar del sentido de la vista, pues este anuncio también tiene su versión en radio (la cual es exactamente igual pero sin las imágenes).

¿Lo vio? Véalo de nuevo:

¿Ya se dio cuenta por qué es una basura? Esta gente se pasó por el arco del triunfo al guionista, al diseñador, al publicista, al comunicólogo, a locutores, ilustradores, animadores y músicos? ¿No se dio cuenta? Vealo otra vez. Lo reto:

¿Vio que el personaje principal es una caja de boletas? ¿Una caja de boletas que interactúa con un mazo (el juez) con bigotes que trae pegada una calcomanía con el logo? ¿Que al final aparece una balanza (la justicia) luciendo su cabellera y labios pintados (obvio, es mujer)? ¿Se fijaron todo eso?

Si no se ha molestado aún, le cuento…

La Historia

Ya en la sobremesa en el Restaurante Pangea, mientras el Presidente del Trife esperaba que llegara una quinta ronda de bebidas para acompañar los manjares que disfrutaba con su familia, comentó que estaba preocupado pues necesitaba comunicar a los ciudadanos lo que hacían en el Tribunal. Mencionó que había un jugoso presupuesto asignado pero no había podido encontrar a nadie en todo Nuevo León que lo ayudara a comunicar las bondades y beneficios de su producto (El Tribunal Electoral del Estado de NL).

En ese momento, su compadre Joel Chilero Gámez, quien también había sido invitado a la cena, le aseguró que no se preocupara: que el se haría cargo de todo a cambio de que le asignaran el presupuesto destinado para la comunicación.

-¿Y usted hará todo solito compadre?

-Si compadre, no se preocupe, todo sea para ayudar a difundir su mensaje a la población.

-Oiga compadre, pero ¿uste le sabe a eso de los comerciales?

-Pos no. – Contestó Joel.

-¡Ah! pues perfecto, allí le va la lana. ¿No le importa que el dinero aún esté lleno de la tierra de las manos trabajadoras del pueblo de Nuevo León que aran los campos para poder pagar sus impuestos?

-Nombre, no se preocupe compadre. Aquí lo limpiamos con Lysol.

-¿No le importa que los billetes tengan lágrimas de los niños hambrientos del estado?

-No, no para nada. Me pongo guantes para que no me de una infección y ya. Todo sea por echarle la mano compadrito.

-¡Ah! pues no se hable más.

Entonces, pidieron la factura para poder viaticar esta cena familiar y se dieron un fuerte abrazo para despedirse.

Al día siguiente, sin molestas investigaciones de mercado, grupos de enfoque, pruebas, storyboards, y sin conocimiento alguno sobre cómo dirigir, producir o animar un spot publicitario, nació este repugnante anuncio.

Desde luego, todo el presupuesto se fue a la bolsa de Joel Chilero Gámez, compadre y buen amigo del Presidente del Trife. Entre ambos se repartieron las ganancias mientras sus voluminosas panzas danzaban entre carcajadas y humo de Montecristos. ¿Y el spot? Lo pusieron en radio y televisión locales.

Fin.

Evaluación Final

Producto: 0.0 Ni siquiera estoy muy seguro de lo que hacen en el Tribunal ese.

Precio: 0.0 El precio no aplica en este caso, pero le ponemos cero para castigarlo en el promedio final..

Plaza: 9.0 Eso sí: sale en todos los canales locales y en un montón de programas de radio. Hay que darle en su madre al presupuesto, desde luego.

Promoción: 0.0 El mensaje no llega. No importa cuantas veces lo vea, sigo sin estar seguro de lo que anuncian. La producción es un asco, la animación es elemental cuando mucho, no hay respeto por los logos, las proporciones ni los colores. La tipografía de los mensajes se confunde con los fondos. Y lo peor, lo absolutamente peor de todo son las ilustraciones de los personajes: es simplemente repugnante.

PROMEDIO: 2.3 Ojalá hubiera calificaciones inferiores a cero. Espero que Joel Chilero Gámez muera una muerte lenta en su isla privada, atragantándose con caviar y filetes ahumados de animales en peligro de extinción.

Lo que hicieron es una falta de respeto y burla para todas las personas que nos dedicamos a esto.

¿Cree que exagero? Véalo de nuevo. Véalo de verdad y odielo tanto como yo.